Del Madrid una lección que complica los partidos en Roma – Corriere.it

El «síndrome español» es una especie de espejo de las contradicciones italianas. Y al leer los resultados de la votación en España por los partidos, uno se siente tentado a devolverlos a su favor más que a analizarlos. Con cierto coraje y constancia, Giorgia Meloni llamó al gran perdedor, el líder de la ultraderecha de Vox, Santiago Abascal, para ofrecerle su solidaridad. Por otra parte, se expuso apoyándolo, seguro como muchos que la derecha derrocaría al gobierno socialista; y formó una alianza entre Vox y los Popolari que más apoyo recibieron.

El contragolpe es paradójico: tanto sobre la identidad y las coaliciones que la FdI intenta construir en Europa, siempre en equilibrio, como sobre las reacciones de sus aliados, incluso ante sus adversarios. El proyecto de un eje de centroderecha en las futuras instituciones bruselenses parece más problemático desde ayer. Un entrenamiento como FI, luchando por su supervivencia, se aferra a la victoria del EPP para marcar la centralidad de las fuerzas moderadas: una forma de reivindicar su papel frente a la derecha ganadora de Meloni y la Liga Norte Matteo Salvini. La reacción de este último, sin embargo, parece aún más interesada. Olvidando el hundimiento de Vox, Salvini utiliza el resultado español para criticar al presidente del Gobierno y a Berlusconi. Ataca su «no» a un acuerdo con la ultraderecha de Estrasburgo: en particular con la de la francesa Marine Le Pen y con la alemana AfD, que pertenecen al mismo grupo que Salvini. “Quien pone su veto”, advierte el líder de la Liga Norte, “no trabaja para una casa común de todo el centroderecha”. Para ser más explícito: «De cara a 2024, no necesitamos un veto, sino un centroderecha capaz de empujar a la izquierda». Salvini no ve o no quiere ver que el Estado socialista se ha visto favorecido precisamente por el miedo del electorado a ver una coalición condicionada por la ultraderecha gobernante; que la clave de un resultado que deja a España dividida en dos y sin una clara mayoría refleja también y quizás sobre todo un rechazo al extremismo. Pero esta lectura, sin embargo, termina por cuestionar las mismas oposiciones en Italia.

La secretaria del Partido Demócrata, Elly Schlein, subraya que «la ola oscura se puede detener». El problema es quién se fue. El abrazo del presidente del Gobierno saliente, Pedro Sánchez, no mide las similitudes sino las diferencias entre el socialismo español y un Pd y un M5S de tendencia radical; y al admitir algunos de sus propios expositores. Por ello, el acercamiento sin escrúpulos a la realidad española acaba proponiendo de nuevo, intacto, un “síndrome italiano” caracterizado por ambigüedades que la votación europea del próximo año pretende subrayar y no ocultar.

Agata Olvera

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